El otro día pasé por donde jugamos y seguía igual de fome que cuando me dijiste que fuéramos como si fuéramos niños... y subíamos y bajábamos y bajaban años y reímos.
Nada de eso queda, solo un recuerdo que es mío ¿Será tuyo también?
De ti no tengo nada y de mi tu tienes una carta,
una carta que canta sueños ilusos y puras patrañas que un día fueron Dios.
Supe que aun existes
y que aún los gatos tocan jazz
y que aún los dinosarios gritan anarquía
y que aun somos monitos de palo
doblados en cuatro pliegues, viviendo en un cajón
y que si ya morimos, nos morimos juntos
ronrroneando un tango y recorriendo el campo.