martes, 17 de julio de 2012

Érase una vez...

Érase una vez yo mismo nadando en un mar de marionetas sin hilos, de esas que no tienen forma alguna de aprender a caminar porque no pueden ni tampoco quieren hacerlo.
Érase un mar turbio, lleno de diáfanas prédicas que susurran la fraternidad y tranquilidad angelical de una tormenta electrica en medio de un terremoto encerrado en un baño de cristal.
Érase una vez yo mismo encontrando una isla deolvidada complejidad: El bastón de madera por sobre la alfombra natura, el cual marcaba el paso y la caída eterna de los clones multicolores. Era este un buen refugio para fondearse de las bolas de fuego que granizaban en otoño. Granizos que rozaban mi bufanda en el día estrellado, manchando la escena del crimen del cuál me declaro culpable. Y es que en ese preciso instante apuñalaba el papel, violando su pureza blanquecina sin pedir permiso a su casta mirada indiferente, de fría indiferencia, fría como sí misma.
Érase una vez yo mismo con apetito ¿Que hacer? Me comí un libro. Página por página, de tapa a contratapa, capítulo por capítulo, palabra por palabra... Así hasta acabar en gula bendita, de esa en la que Satacristo te encierra en la sala cuna del sótano del perro al son de romanticas cumbias villeras metaleras... Amada cacofonía de mi alma mía al son del viento y el murmullo del mar caótico... Ahora solo yo y el horizonte... Nada, pero a la vez todo... Distancia de toda la vida, lejos de la cuna, lejos del hogar, lejos de aquellas personas que siguen nadando junto a mi fantasmagórica fotografía, lejos de quien me acompaña a recorrer la pradera cual eterno festejado del quinto aniversario; Lejos.
                                                        Lejos....
                                                                     Muy Distante....
                                                                                              Conmigo...
Érase una vez yo mismo varado en la isla el día de ayer, hoy y después divisando las susodichas marionetas.
Érase una vez yo mismo perpetuando el crimen confesado...




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